Cada año, la cantidad y la complejidad de los ciberataques aumentan constantemente a escala mundial, lo que afecta a organizaciones de todos los tamaños y sectores.
Las consecuencias van más allá de la inoperatividad de los sistemas: la exposición de información confidencial conlleva daños a la reputación, pérdida de confianza y gastos que pueden prolongarse durante meses o incluso años, desde la reducción de ingresos hasta litigios.
En este entorno de trabajo híbrido y digital, en el que los empleados, clientes y proveedores se conectan desde cualquier lugar y a través de diversos dispositivos, el riesgo está presente en toda la estructura organizativa.
De este modo, la ciberseguridad ha dejado de ser un tema técnico restringido a los equipos de TI para convertirse en una prioridad estratégica.
Como destaca un principio siempre relevante: “En la seguridad digital, el punto más frágil es, sin excepción, el ser humano”. Reconocer esta realidad es el primer paso para transformar la cultura, los procedimientos y los resultados.
La ciberseguridad como desafío corporativo
La gestión de la ciberseguridad ha dejado de ser un tema exclusivo de la infraestructura de TI, ya que la continuidad del negocio está íntimamente ligada a la protección de datos.
El departamento de marketing opera con bases de clientes; recursos humanos gestiona información personal; ventas se ocupa de contratos y propuestas; operaciones utiliza sistemas de producción y logística; y el departamento jurídico maneja documentos críticos. Estos son solo algunos ejemplos.
En todos estos aspectos, una vulnerabilidad puede ser la puerta de entrada a ataques, que van desde el ransomware hasta la filtración de información.
Los recientes incidentes de violación de datos en sectores como el comercio minorista, la salud, las finanzas y los organismos públicos han puesto de manifiesto cómo la pérdida de datos afecta de forma inmediata a la reputación de la marca, provoca la fuga de clientes, provoca la devaluación del mercado y puede paralizar las operaciones, además de exigir inversiones de emergencia para la respuesta y la recuperación.
La presión regulatoria intensifica esta realidad. La LGPD en Brasil y el GDPR en Europa establecen directrices legales estrictas para el tratamiento de datos, exigiendo gobernanza, registro de operaciones, comunicación de incidentes y, en muchos casos, el nombramiento de un DPO.
Las sanciones pueden alcanzar porcentajes significativos de la facturación y, lo que es más preocupante, la exposición pública de un incidente compromete la confianza que se ha construido a lo largo de los años.
En un entorno de trabajo híbrido, caracterizado por aplicaciones en la nube, dispositivos personales (BYOD) y una red de proveedores interconectados, el perímetro tradicional ha dejado de existir. La respuesta debe ser corporativa: políticas, procesos y tecnologías integradas, con el apoyo de la alta dirección y la participación activa de todas las áreas implicadas.
Ciberseguridad y factor humano
La gran mayoría de los ataques exitosos se aprovechan del comportamiento humano. El phishing, el smishing, el vishing y otras formas de ingeniería social utilizan desencadenantes de urgencia, curiosidad o autoridad para inducir clics, recopilar credenciales o ejecutar archivos maliciosos.
En entornos híbridos, con múltiples aplicaciones y flujos de mensajes, la fatiga de las notificaciones aumenta la probabilidad de error. No es casualidad que varias campañas de ransomware comiencen con un correo electrónico convincente o un mensaje en aplicaciones corporativas que parecen legítimas.
Es necesario realizar formaciones constantes. Los adultos aprenden de manera más eficaz con refuerzo continuo, contenido contextual y práctica. Además, las amenazas evolucionan rápidamente; lo que era relevante hace seis meses puede haber quedado obsoleto hoy. Por lo tanto, es más eficaz construir una cultura de ciberseguridad en el día a día, mediante una combinación de acciones:
- Campañas internas recurrentes y multicanal, relacionadas con riesgos reales del negocio.
- Gamificación con retos, rankings y recompensas para hacer el aprendizaje más atractivo.
- Simulaciones de phishing y feedback inmediato, sin castigos, con el objetivo de aprender.
- Píldoras de microaprendizaje “en el momento necesario (just-in-time)”, como consejos breves enviados por correo electrónico o chat corporativo, cuando se identifica un riesgo.
- Refuerzo positivo: reconocer públicamente las buenas prácticas y a los “campeones de la seguridad” en las diferentes áreas.
- Materiales sencillos y visuales sobre cómo identificar fraudes, informar de incidentes y utilizar herramientas (por ejemplo, VPN y administradores de contraseñas), además de dedicar equipos a la administración y el control de accesos. (https://www.positivosmais.com/es/ciberseguridad/id-management/)
Al considerar a las personas como la primera línea de defensa, y no como el problema, las empresas logran reducir la superficie de ataque y aumentar la agilidad en la respuesta.
El papel del liderazgo
La ciberseguridad (https://www.positivosmais.com/es/ciberseguridad/) debe ser una prioridad en las discusiones del consejo y la junta directiva, así como en las áreas de finanzas, operaciones y estrategia. Se trata de una cuestión de gestión de riesgos y continuidad del negocio.
Es responsabilidad del liderazgo establecer el apetito de riesgo, priorizar las inversiones y garantizar que los objetivos de ciberseguridad estén alineados con los indicadores de rendimiento (tiempo de inactividad, costes por incidente, cumplimiento, NPS).
Invertir en tecnología es esencial, pero también se necesita un conjunto que involucre tecnología, personas y procesos. Esto incluye servicios para la gestión de la ciberseguridad con profesionales capacitados y una empresa especializada como los MSPs, además de programas de sensibilización y pruebas periódicas de respuesta a incidentes.
La comunicación de los líderes debe ser clara, accesible y libre de jerga técnica. Cuando los ejecutivos articulan «por qué» y «cuáles» son los cambios utilizando ejemplos prácticos, los equipos tienden a comprometerse con mayor facilidad.
La transparencia en relación con los incidentes, las lecciones aprendidas y los próximos pasos fortalece la cultura organizativa. Además, cuando los gerentes de cada área apoyan y fomentan prácticas seguras, la ciberseguridad deja de verse como una responsabilidad exclusiva de TI y pasa a formar parte de la cultura laboral de la organización.
Buenas prácticas y recomendaciones para la ciberseguridad
En este momento, es evidente que la cultura organizativa y el liderazgo solo son eficaces cuando se incorporan a la rutina. Para minimizar la exposición sin comprometer las operaciones diarias, se recomienda establecer un nivel básico de seguridad común a toda la organización, dando prioridad a los controles de alto impacto y baja fricción, con una gobernanza y un seguimiento continuos.
Comience por lo fundamental y siga expandiéndose de manera consistente.
- Autenticación multifactorial (MFA): impleméntela en todos los sistemas críticos y dé preferencia a métodos resistentes al phishing, como FIDO/U2F o push con número.
- Gestión de contraseñas y actualizaciones periódicas: utilice un gestor de contraseñas, adopte políticas de contraseñas robustas y mantenga los sistemas, navegadores y aplicaciones siempre actualizados.
- Políticas claras para el uso de datos y dispositivos: clasifique la información, establezca reglas para el intercambio, el acceso remoto, el BYOD y el uso de la nube, con registros y supervisión adecuados.
- Simulaciones de ataques y pruebas de respuesta: lleve a cabo campañas de phishing, ejercicios de simulación y pruebas de restauración de copias de seguridad para validar
La ciberseguridad no debe verse como un destino, sino como un proceso continuo de mejora, que debe estar alineado con la estrategia y el ritmo del negocio.
En un entorno de trabajo híbrido, la seguridad se convierte en una responsabilidad compartida: cada empleado, independientemente de su área, desempeña un papel crucial en la protección de datos y la resiliencia operativa.
Las empresas que realizan inversiones simultáneas en personas, procesos y servicios tecnológicos, con un liderazgo comprometido, una cultura organizativa sólida y prácticas continuas, estarán mejor preparadas para afrontar los retos futuros, respondiendo a los incidentes con agilidad y aprendiendo de cada ciclo. ¡No pierda tiempo y empiece ahora! Es importante reforzar su seguridad y centrarse en lo que realmente protege su entorno.
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